viernes, 30 de noviembre de 2018



BELELLE

He respirado tu multitud
y he preferido mi soledad.
Ir a mi silencio de hojas
descalza de pasos,
vestida de vientos,
sin más sendero
que dejar tu huella
en el asfalto.
Disiparme entre la niebla
en el corazón del bosque.
Ser latido y llamarme lluvia
-como mi tierra-
alcanzar la cumbre, a solas,
vencer el frío que me vence.
Bañarme en aguas tersas,
hasta sentirme clara
y viva como los alisos,
a orillas de mi Belelle.


EL OCASO DE LA ROSA
Vigoroso crece en el aire
el tallo verde y vibrante.
Se alza en círculos errantes,
atrapando las caricias del Sol.
Sabe de la fortuna,
que en sus entrañas reserva.
Son necesarias las espinas,
Para que la rosa florezca.
La densidad infinita en un punto,
guarda el capullo, su Universo latente.
Big Bag de fucsias y magentas.
Explota, sin reserva, todo su amor.
Y es cuando la rosa altiva y tersa,
en el punto máximo de su belleza,
expone también toda su fragilidad,
su terciopelo, su olor...
Efímera y fugaz existencia,
cuyo fin último no es más que enamorar,
la atención de quién la observa.
Comienza la flor a aceptar su quimera,
a secarse en su sueño profundo.
Desnuda, brama su alma ante el mundo...
sus amarillos, azules y violetas.
Se estremece, perenne infinita en la memoria.
Se desploman, sus pétalos sobre la mesa.
Se consume, en negros y borgoñas
Y aún así sigue siendo bella...
En su Ocaso,
la rosa.


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